viernes, 6 de enero de 2017

HABÍA UNA VEZ UN CIRCO

Desde una viga del techo, colgaba de una cuerda, en frágil equilibrio de vaivén, un elefante tailandés. Mientras se balanceaba, boca abajo, de un lado a otro del circo, soplaba una gaita por la que salía, barritando, en un estruendo horrísono, una sinfonía infernal.
A la par, tres gatos siameses se mecían al son y maullaban, al claro de luna, una serenata veneciana:
-Ma uena ué, uena ué, uena ué.
Los Hermanos Tonetti, chascaron sus látigos, retorcieron el mostacho, y como veían que no se caía, fueron a llamar a otro elefante.

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