jueves, 23 de octubre de 2014

CÓMO SE COCINA UN MICRORRELATO

Es la historia de siempre jamás: primero, en ese gran caldero que tenemos ahí arriba, cueces las palabras, y cuando están a punto de hervir, eliges un puñado y las colocas en una sartén donde previamente tienes preparado un sofrito a base de márgenes y renglones. Añades unas pocas especias: ¡¿signos?!, "comillas", -guiones-, puntos suspensivos...; después, una vez se han enfriado, las coges con el índice y el pulgar de cada mano, las llevas a una hoja en blanco, para que se estiren, y por fin cuando dejan de chorrear, las cuentas, y si salen más de cien, viene el sastre de las palabras y...: ¡zas...!

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